dilluns, 27 de febrer de 2017

41º 46’ N – 50º 14’W

Era el único exceso que se permitía, igual que antes se lo había permitido su madre. Navegar cada catorce de abril en un yate alquilado hasta el lugar donde colisionó el Titanic y lanzar al mar un ramo de gardenias.
Madre fue una de las pocas personas de tercera clase que se salvó, pero dejó en el camino a su amante, el que le había prometido una vida mejor en América.
Con la venta del collar de perlas que le arrancó del cuello a aquella mujer que quería subir al bote, madre puso un restaurante que le fue bien. Ahora ella regentaba treinta locales y salía en la prensa. Madre nunca se arrepintió y ella tampoco lo haría. América es dura.

Arístides Montoya

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