dimecres, 22 de març de 2017

DE PROFUNDIS

En el muelle 59 se acumula una multitud que celebra la arribada del Titanic; el más inmenso de los transatlánticos, un auténtico hotel flotante que trae a dos millares de personas desde Southampton hasta Nueva York. Los célebres pasajeros, luciendo sus mejores galas, bajan la pasarela hasta el muelle. El gentío estalla en vítores; algunos esperan a un padre, otros al amante anhelado, muchos son simples curiosos con ánimo de asistir a un evento histórico. Sin embargo, pese a la euforia, muy pronto la multitud advierte algo extraño. Los primeros en tomar tierra desprenden un aroma de algas blancas. Sus lujosos ropajes perdieron el brillo, como un palacio abandonado. Según los vomita el barco, los rostros acuosos de los recién llegados se mezclan rítmicamente con la inmensa comitiva de bienvenida, para perderse en silencio entre las calles de Manhattan y el mundo.

Colectivo Juan de Madre

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