divendres, 17 de març de 2017

EL RETRATO DE AMELIA

Ella creyó que sesenta años no habían pasado en vano y que todo había sido borrado de la memoria por el tiempo. Pero él no había olvidado pues, ni ahora, el momento de dar la última pincelada al retrato, podía perdonar la infidelidad de su esposa. Esbozó una sonrisa y bebió del champán que, para festejar su viaje en el Titanic, y su supuesto feliz aniversario, Amelia había descorchado.
El retrato era, en verdad, espléndido: el Capitán del barco era un pintor aficionado realmente bueno; la había pintado harmoniosa y elegante, una digna señora de la alta sociedad.
Esa noche él le hizo el amor frenéticamente por última vez. Al despertar vio la nota en la cama con sus planes de estrellar el barco por venganza...
Su cerebro se paralizó al instante, justo cuando el barco crujía roto en dos.

Doctora Amor

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