dimecres, 22 de març de 2017

ICEBERGS AL ACECHO

Henry Wilde, el Jefe de Oficiales, recibió la orden de zarpar del puerto de Queenstown. Era un diez de Abril de 1912.
Para Wilde era un inmenso honor el poder estar bajo las órdenes del experimentado comandante Edward Smith. Muy pocos marineros en activo tenían el historial de su comandante.
La navegación era tranquila. Los motores del TITANIC funcionaban correctamente. El mar estaba calmado y las previsiones meteorológicas no anunciaban cambios. Próximo destino, New York.
Henry no pudo evitar el choque con un iceberg que no constaba en ninguna carta marina. El impacto fue tan grande que el TITANIC empezó a hundirse de proa. La nave acabó partida en dos y a 3.1784 metros de profundidad.
1.514 sueños se hundieron en el Océano Atlántico y los icebergs continúan desprendiéndose de los glaciares. Flotando, sin dejarse ver, al acecho de su próxima presa.

Daniel

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