divendres, 3 de març de 2017

JACINTA

Tenía sus dudas. Pero saldría del camarote donde su "Señora" guardaba reposo en la cama (según le recomendó el doctor).
- ¡Vuelvo enseguida Señora! Usted quédese ahí - le rogó imperante -. Voy a ver qué ha pasado.
- ¿Qué ha sido ese golpe tan fuerte Jacinta? ¿Hemos chocado con otro barco? - preguntó la Señora sin apartar la vista de la puerta.
- Tranquilícese Señora - contestó Jacinta mientras ponía un pie en el pasillo -. El ruido habrá sido uno de esos trastos de gimnasio - la criada se dio cuenta de que mentir no era lo suyo, sobre todo al ver que el pasillo hacía aguas.
- ¿Y qué es toda esa agua?
- ¡Nada mujer! - intentó zanjar el entuerto y mientras se iba gritó: -¡Alguien se habrá dejado el grifo abierto!
- ¡No tardes! - Pero Jacinta ya no le oía. Esperaba su turno con un chaleco salvavidas.
- Y por favor - gritó la señora -. ¡Que alguien cierre ese grifo!

Queque

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