dimarts, 21 de març de 2017

MALDICIÓN

Sumergida en la muchedumbre que inundaba el puerto, Emily contemplaba como aplaudían el naufragio de su vida. El monstruo metálico quitaba el aliento, pero ella sólo podía fijarse en Henry. Lo había observado subirse al barco, tan feliz y orgulloso, con Elizabeth, su prometida, siguiéndolo como un espectro.
Emily acarició su vientre ya redondeado mientras una oleada de odio sumergía su alma. En la cubierta, Henry saludaba entusiasmado, sin reconocer entre el gentío a su antigua amante.
Ella había intentado retenerlo con besos y sus lágrimas. Él se había reído con condescendencia. No iba a renunciar a un buen matrimonio y a un océano de oportunidades por un niño que podía ser de cualquiera, por una mujer como ella.
Hacía tiempo que el Titanic había zarpado pero Emily seguía clavando su mirada en él como una estaca de hielo, esperando que una brisa glacial llevara hasta él su maldición.

Kristin

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada

Comenta