dimecres, 29 de març de 2017

MI SECRETO INCONFESABLE

El tímido sol de Inglaterra se escondía lentamente, mientras miles de personas esperaban silenciosas en las calles de Colne el cortejo fúnebre del capitán Wallace Harthey, admirado y condecorado director de orquesta del malogrado Titanic.
Yo estaba escondido entre la multitud avergonzado, pero no arrepentido, porque sigo pensando que la muerte de mis compañeros, aunque legendaria, fue inútil.
Recuerdo perfectamente el momento en que el director ordenó trasladarnos a cubierta para conseguir, con nuestra música, calmar el histerismo que se había apoderado de todos los pasajeros tras la orden de abandonar el barco, y no pude..., no quería morir... y sin pensarlo solté mi adorado chelo, me quité el uniforme y salté a un bote mientras oía de fondo la melodía "Nearer, my God, to Thee".
Me salvé, pero el resto de mi vida tendré que esconderme porque mi presencia sería la deshonra para mi familia que me cree un héroe.

Maduixa Vermella

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