dijous, 2 de març de 2017

RECUERDOS A LA DERIVA

Cada día parecían más reales las fantasías en forma de rumores, que se escuchaban por las calles de aquella fría ciudad. Hablaban de un sueño en forma de lugar, donde todos eran bienvenidos y tenían la oportunidad de ser quienes quisieran ser. Promesas para soñadores dignas de políticos más que de realidad.

La joven Lana, para muchos recordada como la incrédula, para mí "la gran y eterna soñadora", naufragó allá por el 1912 tras embarcar en la gran aventura de su vida de la que no tuve valor de formar parte. Su sueño era hacer bailar sus dedos sobre el piano en la llamada Nueva York.

Mi ambigüedad mental me llevó a no expresarle jamás mi amor. Ella, que tuvo la suerte de desaparecer llena de ilusión, camino hacia un sueño acompañada por el mar, me pregunto si estuve yo más muerto, viviendo de un recuerdo por la tediosa Irlanda.

Xavi Baragona

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