dilluns, 10 d’abril de 2017

AY, BERG

La luz de la luna ha perdido brillo y las olas del mar que antes me acariciaban se han convertido en cuchilladas con sabor a sal. ¿Por qué sigo vivo?, ¿por qué me confié y no viré cuando podía y debía haberlo hecho?

La visión del Titanic, un barco tan diferente a los que siempre había visto, me sedujo. Amor y odio a primera vista. Oh, dioses de un nuevo Olimpo, observad cómo un iceberg, Berg para los amigos, ha pinchado la burbuja de quienes se jactan de dominar las leyes de la naturaleza.

No me enorgullezco de los cadáveres que hoy me rodean, pero dejad a un pobre bloque de hielo rozar una partícula de poder antes de que los seres humanos descongelen a todos los de mi especie sin que nuestra historia llegue a tener nunca la repercusión que tendrá la de un barco inerte y podrido.

Descongelándome

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