dimecres, 19 d’abril de 2017

DOS HISTORIAS, UN FINAL

¡La habíamos creado! Volveríamos a aquel diez de abril en que el Titanic haría su primera travesía.
Acababa de zarpar cuando chocó con otro barco amarrado al puerto.
En un principio nadie creyó en la catástrofe. Nos quedamos inmóviles hasta que se hizo evidente: el insumergible naufragaba.
Mi amigo y colega a quien esperaba un brillante futuro como inventor, y a quien yo había ido a despedir, fue uno de los afortunados que logró salvarse, pero después de la tragedia desistió del viaje a Nueva York.
Juntos comenzamos una locura de proyecto: construir una máquina del tiempo para evitar aquel fatídico hundimiento del barco más grande y lujoso jamás creado.
Pasaron años. ¡Lo conseguimos! ¡Volvimos! Él subió. Llevaba nuestro invento. Hubo un retraso. Un susto: El Titanic casi choca al salir, pero pudo evitarse. ¡Lo logramos!
Días después leí la noticia del naufragio... Y, apesadumbrado, pensé: «Lo alcanzó su destino».

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