dilluns, 3 d’abril de 2017

EL BARCO DE LOS SUEÑOS

Soñamos una vida nueva.

Las gigantescas dimensiones del buque iluminaban nuestras ansias de esperanza y prosperidad.

Teníamos por delante numerosos días y semanas de duro trabajo cargando toneladas de carbón para desplazar esa mole a la máxima velocidad posible.

Y, mientras tanto, vivir en la oscuridad, caminar por pasillos para que los rostros manchados del sudor y negro carbón no se mezclaran con las delicadas líneas del maquillaje y los finos retoques de bigotes.

Trabajábamos dos pisos por debajo de la línea de flote, no veíamos la inmensidad del océano, pero teníamos la ilusión y la satisfacción de ser el impulso del barco de los sueños.

Sin embargo, a pesar de ser siempre los primeros en disponer de lo necesario para avanzar, también fuimos los últimos en conocer el motivo del fracaso de tantos sueños, que congelados en el tiempo tomarían forma de imágenes, palabras y relatos.

Taytacha

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