dijous, 27 d’abril de 2017

EL DESTINO DE KATE

El capitán cogió el megáfono e informó a los pasajeros de que faltaban unas mil millas para llegar a Nueva York. Kate por fin podría ver a su familia. Se puso su vestido más precioso, porque era el cumpleaños del comandante Williams. Toda la tripulación se vistió de gala y se puso por parejas, a ella le tocó con un tal John Sparks. La gente de primera clase bajaba por la gran escalinata hasta el salón principal. Mientras que la música empezaba a sonar, los camareros repartían, en vez de comida, gorros y cobras, para bailar charlestón. Era una noche oscura, no se veía lo que se tenía por delante. En las bodegas, que estaban por debajo del nivel del mar, la gente de tercera clase sintió un golpe brusco. El barco se llenaba de agua. Y poco a poco, Kate sintió que el Titanic comenzaría a hundirse en breve.

Ángeles Domingo

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