dimarts, 18 d’abril de 2017

EL DESTINO

No quise pasar más hambre. Abandoné Irlanda para servir en Londres. Cuando te encuentras totalmente sola, cualquier manifestación de cariño, aunque sea la caricia que se da a un perro descuidadamente, es bienvenida, por eso dejé meterse al mayordomo en mi camastro. Cuatro meses después, otra desgraciada entró en la mansión y él cambió de cama.
Me enteré de que estaban a punto de botar el TITANIC y decidí probar fortuna en el nuevo mundo. Compré el pasaje el mismo día en que me apercibí de que estaba embarazada.
Hacinada en los camarotes de tercera, mareada, necesitaba respirar, así que me aventuré a subir a cubierta. Inclinada sobre la barandilla, una mano callosa me tapó la boca derribándome al suelo. Solo temí por mi hijo. La aparición de otros pasajeros frustró la violación. Me levanté y recompuse mis ropas. Eran las 2:15 del 15 de abril de 1912.

Ontherocks

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