dilluns, 10 d’abril de 2017

LA CUCHARA

Una de las camareras que consiguió encaramarse a un bote salvavidas la llevaba en el bolsillo. Cuando fue rescatada por el Carpathia, se puso la ropa seca que le dieron y olvidó la cuchara. Un marinero la dejó años después en una pensión de mala muerte de Rotterdam. Por alguna razón la cuchara acabó en una granja de Sussex. La usaban para remover el pienso de las gallinas. Durante los años 50 el abuelo de Astrid fue a Inglaterra para acabar sus estudios de agronomía. Regresó a Malmö con la cuchara en la maleta. Tras el estreno de la película de Cameron, Astrid vio un documental sobre el Titanic en la tele. Reconoció la cuchara. Se la llevó a un amigo que trabajaba en un museo. No, le dijo, es una vulgar imitación, no tiene valor. Ahora está en una estantería Ikea esperando que le hagan justicia.

Croix

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