dimecres, 26 d’abril de 2017

LAS BALLENAS

Miró al cielo, negro azabache de las simas invertidas, mientras el Titanic se hundía en las gélidas aguas que petrificaban el aliento.

Zozobraba entre el caos, mientras sonaba la música.

¿Cuántas muertes habíamos producido, y se habían producido a nuestro alrededor? ¿Éramos conscientes? ¿Era la primera muerte que observaba, o muertes, por el tumulto numérico que no podía contar con mis dedos, ni con mis ojos, ni con mi mente, agolpada entre los botes, con la gente lanzándose al mar?

NO.

Los gritos, sólo hacían florecer que era la nuestra. ¿Alguien se alegraría de nuestra desaparición? ¿Nos llorarían?, ¿o todo era el acto dantesco de un juicio final, donde sólo se desprendía justicia, como si aquellas aguas formasen parte de un dintel románico sobre el que tomarían conciencia todos aquéllos, que lo leyesen en el diario al día siguiente?

Las ballenas no aparecieron para escuchar la música.

Nostalgia

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