dijous, 6 d’abril de 2017

MIGUELITO

Dormía en la bodega de proa, sintió un ruido. Asomó por la ventanilla del coche donde viajaba y se asustó pues este crecía pero por la oscuridad no percibía, pero sí cierta humedad. Recordando el camino de la cocina se apresuró. Todo el personal estaba levantado aunque no eran horas, y al llegar a su zona preferida no encontraba donde meterse. Un ratoncito como él debía de escabullirse y eligió una pieza blanca de tela para esconderse. Al poco alguien, se lo llevó en volandas. Subió escaleras, corrió por pasillos y los murmullos y ruidos aumentaban. Entendió que la pieza de tela tapaba la cabeza de un humano y en ella andaba. Vidal, el ayudante de cocina del Titanic, se quitó su gorro una vez se sintió a salvo dentro del bote. Miguelito respiró en el regazo de Vidal.

Bocaina

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