dilluns, 10 d’abril de 2017

POR AMOR A LA MÚSICA

La orquesta siguió tocando con orgullo mientras el barco se hundía, y con él la música flaqueaba. Pero ellos ya no tenían miedo, pues era su última actuación. La última actuación de su pequeño mundo, uno que poco a poco iba uniéndose con el mar. Y el público lloraba con una sonrisa en el rostro, aplaudiendo con energía a esos músicos que se despedían con violines y trompetas, con la intensidad y la crudeza de su destino... Y la música acabó. Días después se escucharon los llantos. El Titanic se había hundido.

Yozo

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