dilluns, 3 d’abril de 2017

SI HUBIESE SIDO UN SUEÑO

De repente sonó un gran estallido acompañado de un estrepitoso golpe. Las mesas, las sillas, todo se tambaleaba. La gran lámpara que presidía el salón, cayó sobre una pareja que estaba cenando. Murieron aplastados.
Una niñita lloraba asustada buscando a sus padres que en medio del barullo no conseguían verla. Estela gritaba desesperada sin saber bien hacia dónde. Todos eran presos del pánico. El agua empezaba a introducirse por todas las ranuras del maltrecho buque.
Dolores y Josué, presintiendo el fatídico final, se besaron a modo de despedida, se abrazaron muy fuerte, cerraron los ojos y se dejaron llevar sin la mínima resistencia al torbellino de muebles y agua.
De repente Ana María despertó... ¡gracias a Dios!, todo había sido un sueño. Recordó a su padre, que unos días antes, estaba feliz porque le habían contratado en un grupo como violinista de un crucero... el Titanic.

Pirula

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