dijous, 20 d’abril de 2017

SUEÑO ROTO

¡Qué bonitas eran las estrellas y cómo brillaban!
Seguro que en Southampton no había tantas.
Ya hacía rato que no sentía las piernas, pensándolo bien, ya no tenía ni frío. ¡Qué suerte!
No creía que fuera capaz de aguantar más esos pinchazos en las piernas, ese frío oprimiéndole el pecho, ese dolor lacerante por la columna. ¡Qué suerte tenía!

Igual que cuando le comunicaron que tocaría en el Titanic. Era la oportunidad de su vida. Su abuelo estaría orgulloso. Aún no entendía cómo había pasado de estar con la orquesta a estar en el agua. Todo había sucedido tan rápido.
Una gran ola había entrado en el salón, tragándose todo a su paso. Él solo pensaba en el contrabajo de su abuelo, ¡no podía perderlo! Se había aferrado a él con todas sus fuerzas, como si su vida dependiera de ello, pero...
¡Qué bonitas eran las estrellas!

Ción

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