dilluns, 3 d’abril de 2017

UN VIAJE ÚNICO

Dos candelabros de plata, uno en cada extremo de la mesa, sobre un mantel impoluto. Llegan las primeras viandas sobre relucientes bandejas. El camarero sirve la sopa, vierte la medida exacta de vino en la copa y se retira discretamente. Dicen que ha surgido un inconveniente en la travesía, seguro que nada serio. Un pedazo de hielo no puede suponer ningún riesgo para un barco como ese.
Ahora toca disfrutar de una magnífica velada en alta mar.
El oficial intenta transmitir calma mientras reitera la orden recibida a los pasajeros.
Masculla un último bocado de caviar, apura la copa de champán y se introduce en el bote salvavidas. Pronto estará en New York explicando esta enojosa aventura.

Montag

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