dilluns, 8 de maig de 2017

AJEDREZ

Aquel matrimonio llamaba la atención en todos los salones del Titanic. Él rubio, regordete y rostro sonrosado. Ella alta, con la piel tan negra que brillaba con reflejos de cada punto de luz.
Como cada noche desde que embarcaron, después de cenar, escuchaban música en su gramófono, tomaban media botella de brandy, su pijama, su batín y jugaban su partida de ajedrez. Cada uno con las figuras del color de su piel. Aquella madrugada mucho ajetreo en los pasillos. No podían concentrarse. Cuando no le tocó jugar el hombre se levantó enfadado y sintió escalofríos al notar sus zapatillas mojadas. Gritó. La mujer alzó la vista del tablero y se percató que el agua entraba por las rendijas de la puerta. Su último abrazo. Desesperación. Pánico. Minutos más tarde el agua que inundaba el camarote amortajaba a un rey blanco y a una reina negra. Las figuras flotaban indiferentes.

Lagarto

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada

Comenta