dilluns, 15 de maig de 2017

DERROTA EQUIVOCADA

Hoy hace mucho frío.

Mientras planeo sobre la ventisca, persiguiendo los bancos de peces, lo veo.

Es más grande que nuestra colonia entera cuando volamos en bandada buscando alimento, pero no vuelan, sólo andan por encima de ese enorme caparazón vuelto del revés.

Les gritamos, ¡queremos avisarlos!, pero no escuchan: nuestros agudos chillidos no vencen a los ronquidos que hace esa mole. Por debajo del ruido atronador se escucha un sonido muy agradable.

De repente el bramido mayor se detiene y se oye como grita la carcasa con un lamento estremecedor. Acaba de chocar contra el hielo. Nos apartamos asustados.

¿Porqué no nos habrán escuchado?

El clima lo avisaba; la serena, helada quietud, lo advertía; el padre mar lo amenazaba: ahí delante está la muerte, no sigáis, no vayáis, ¡deteneos!

Pero ahora ya es demasiado tarde y yo, el albatros, debo regresar al nido, donde esperan el alimento mis polluelos.

Franc

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