dilluns, 15 de maig de 2017

ÉL

Su presencia en la cubierta del inmenso transatlántico me incomodaba, su voz me estremecía. Yo miraba el agua interminable, el horizonte intimidante. Notaba el peso de su mirada, en mi pecho residían sentimientos contradictorios, solamente intentaba controlar estas emociones.
-¿Se aleja de todos?
Ahora sí, le miré. Dejé de escuchar el impacto de las olas contra el casco, la indignación por su irrupción se desvanecía mientras quedaba cautivada por sus labios.
-Hay instantes en los que necesito un receso.
-La inmensidad del mar y la brisa marina deberían serle suficiente para verse expedita.
-Exenta tal vez, no libre. Quién me mira, no me ama. Me retiene, no sufre.
-Nadie muere por amor. Y si alguien debiera morir por sentir, de verdad espero que no fuera usted pues yo no podría soportarlo.
El océano de fondo, las chimeneas del Titanic, los demás cadetes, todo perdía su importancia cuando él me miraba.

Ale

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