dimarts, 2 de maig de 2017

ELLA

Se despertó desnuda y despeinada. La almohada tenía restos de lo que había sido su maquillaje.
Él no estaba a su lado, ni recordaba su nombre. Uno de tantos.
Desde que su amado marido había muerto no dejaba ni un instante de divertirse. Sabe mal decirlo, pero eso era lo que hacía consciente de que la vida era demasiado corta como para no aprovecharla. Dormía de día para disfrutar de la noche.
Pidió algo al servicio de habitaciones. Aunque estaba en un buque, nada lo diferenciaba de uno de tantos hoteles de lujo en los que se solía alojar. Aquel era el Titanic.
Comió, se arregló y salió del camarote preparada para otra gloriosa noche.
Estaba inmóvil delante de la orquesta, hipnotizada por el vaivén del arco del violinista. El barco se hundía, pero estaba en paz. Era el efecto de la música y el recuerdo de su esposo.

PaniCo

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