dilluns, 15 de maig de 2017

ENGAÑADOS

Era el día del bautizo del aquel colosal monstruo lujoso que pronto partiría en su primer viaje rumbo a Nueva York, según me habían informado. Encontrándome allí, empezó la ceremonia.
Salió a dar la charla uno de los trabajadores que construyó el casco del navío. Nos explicó el tiempo que duró en finalizarse el proyecto, presentó a otros de sus compañeros y por supuesto al diseñador y organizador de la construcción de la nave, entre otras muchas cosas. En una de las afirmaciones del empleado, aseguraba que las planchas de metal que constituían todo el barco eran resistentes a cualquier golpe y tipo de climatología.
Como de costumbre, y siempre que se bautizaba un barco, se lanzaba una botella (en este caso de champán) contra uno de los costados de la embarcación. Lanzaron el envase, el mismo se rompió y abolló la superficie metálica...

Bonifacio

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