dilluns, 22 de maig de 2017

ESCARCHA EN MI PELO

El interrumpido clamor de la multitud se asemejaba al zumbido de las abejas en primavera. Inmóvil, contemplaba la angustia y la desesperante lucha por sobrevivir que el ser humano manifestaba en momentos como ese.
El gélido agua terminó por cubrirme los hombros, provocándome dolorosos pinchazos por todo mi cuerpo. A lo lejos contemplé un tablón de madera, lo agarré con fuerza y me tumbé sobre él boca arriba. Admiré aquella nítida noche, el cielo despejado permitía que la luz de la luna iluminase el naufragio del Titanic. Aquella situación se hizo más amena cuando desapareció el repiqueteo de las atormentadas voces de mis pensamientos. Tan solo se oían los crujidos del metal perdiéndose en un oscuro y frío abismo.
Tenía la respiración serena y el pulso inquieto. Mis ojos se perdieron en el firmamento estrellado, el balanceo del oleaje me acunó y me dormí en un sueño eterno.

Helada

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