dimarts, 23 de maig de 2017

SEÑORES, FUE UN PLACER

El crucero lucía una brillantez espléndida debido al hielo de sus alrededores. Una fuerte colisión contra un iceberg fue el cambio del paraíso a un infierno helado. Mientras el gran navío se hundía, la música sonaba sin cesar. Una sinfonía relajante cubría los alaridos de los pasajeros y hacía de una terrible catástrofe una caída musical más amena. El sonido de los violines fue una apelación a la esperanza y la tranquilidad que seguro fue de gran apoyo para los viajeros. Los músicos acabaron realizando como ofrenda al temible océano una excelente melodía con un efecto salvavidas.

Diselo tt

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