dilluns, 22 de maig de 2017

LA BUENA ESTRELLA

Se había sentido a salvo, una vez más, había burlado al destino.
Todo habría sido más fácil si hubiera bastado con emborracharle y robarle luego... él se lo había buscado, tanto hablar de una nueva vida y de aquel maldito barco.
Embarcó, dejando un cadáver en las aguas del río Test con varias puñaladas, el fin justifica los medios, eso pensaba él.
Pero ahora, encerrado por aquel "yard" que viajaba de incógnito entre el pasaje, dudaba de su buena estrella, en cuanto llegara a Nueva York daría con sus huesos en alguna prisión hasta que lo llevara de regreso y la justicia británica le juzgara.
Un estruendo hizo temblar al Titanic y el pánico fue apoderándose de pasaje y tripulación.
Gritaba y golpeaba la puerta de su camarote, pero era inútil; si su captor no acudía a rescatarle su vida acabaría esa negra noche, y con ella su buena estrella.

Clara Valero

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