dimarts, 2 de maig de 2017

LA SONATA DEL TITANIC

Todos sabemos que la orquesta del Titanic proseguía tocando su partitura aún a sabiendas de que el barco se hundía; sonaban los violines, laúdes y piano como un remanso de paz y cordura en medio del caos circundante.
Crujían como un terrible y enorme leviathán las cuadernas del barco, los pasajeros gritaban enloquecidamente como poseídos por el demonio, matándose entre sí por obtener una plaza en un bote salvavidas, y mientras tanto, los componentes de la orquesta, con el agua helada del Atlántico Norte por las rodillas, continuaban su sonata impertérritos y fieles a su cometido. Me gusta imaginarlos allá abajo, a miles de metros de profundidad y más de cien años después, impecablemente vestidos con su frac y levita, tocando igual de apasionadamente cada noche en la cubierta del imponente barco para su respetuosa audiencia de criaturas abisales.

MedioHombre

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