dimarts, 16 de maig de 2017

LA ÚLTIMA MELODÍA

La noche era tranquila. La gente paseaba por la cubierta disfrutando de nuestra melodía. Mis manos deslizaban el arco por sus cuerdas. Sostenía mi viejo amigo mientras interpretaba los movimientos de Hartley. Él era mi salvador, de no ser por él aún permanecería en tierra. Un brusco movimiento tambaleó el Titanic entero. Nos dirigimos hacia el salón de primera clase, donde la gente lucía elegantes prendas y desprendía pertinentes murmullos. Wallace nos hizo continuar con la sonata.
Pasaron las horas, la gente se hallaba inquieta. Algunos corrieron hacia la cubierta de los botes. Y aun sabiendo que el barco se hundía, seguimos tocando. La melodía dulce se confundía entre los gritos de la gente. Finalmente subí a un bote, pero la desesperación de una madre jugó en mi contra. De repente no sentí nada. Solo vi mi viejo amigo flotando y una asfixiante presión que me quería ahogar.

Floreal

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