dimecres, 17 de maig de 2017

MÚSICA, MAESTRO

Wallace, desconcertado, tardó unos minutos en comprender la situación hasta que el pánico, los gritos, los llantos, los golpes, las caídas, las corredizas, lo devolvieron a la realidad más irreal que nunca pudiera haber imaginado.
Sus compañeros lo miraban, quietos y aferrados a sus instrumentos, como si en ellos residiera el poder de la salvación. Supo que había llegado su fin. Tan pronto, tan joven. Inspiró profundamente. Con suavidad, colocó de nuevo su violín bajo la barbilla y pronto las notas brotaron solitarias, solemnes, hermosas. Toda la orquesta lo siguió, dejando que la música confundiese al miedo, mientras el mundo se rompía en pedazos a su alrededor.
No fue consciente del momento en que los pies le fallaron, el violín se soltó y su cuerpo roto se hundió en las frías aguas del norte, mientras una noche límpida y estrellada apagaba la última melodía, imponiendo su intenso y oscuro silencio.

Atria

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