dimarts, 16 de maig de 2017

NADA NI NADIE

Vivo recluso entre cuatro paredes hechas de barrotes. Solo cuando es hora de pasear puedo oler el salitre y puedo oír el parloteo de la gente.
En la  monotonía de los días, ocurrió. El Titanic chocó. La gente gritaba, lloraba. Y yo lo veía como si no formase parte de ese sufrimiento. Me mantenía en mi jaula, no por voluntad propia. Era cerrada. Aunque si hubiese estado abierta, ¿qué habría cambiado?
Nada. Nada hubiera cambiado. Nadie me hubiera venido a buscar.
Empezó a entrar agua en la habitación. Los otros perros ladraban, esperando ver a sus cuidadores entrar por la puerta. Nada de eso pasó.
Nada. Nada otra vez.

Llunàtica

Cap comentari:

Publica un comentari a l'entrada

Comenta