dimecres, 10 de maig de 2017

NO ESTABAN SOLOS

Abrió los ojos y se revolvió inquieto. Unas luces en el horizonte captaron su atención desvelándolo por completo. Un ser de dimensiones soberbias se acercaba en la oscuridad a pasos agigantados. Rugió desesperado dispuesto al ataque. El contrincante no se amilanó, respondió insistente con un sonido desconocido: la campana que despertó al resto de sus compañeros que como él, imitándolo se unieron bravos al rugido dispuestos a defenderse. Cuando pareció que el enemigo ante tal valor desistía del asalto y cambiaba de rumbo, por sorpresa los embistió cobarde con el flanco derecho haciendo temblar el suelo donde pisaban. Impotentes perdieron el equilibrio y más de uno fue lanzado al agua. Cual no sería su sorpresa al ver que aquella criatura había vomitado centenares de seres humanos. Desconfiados no tocaron ni uno. Sobrevivieron setecientos once pasajeros aquel quince de abril, de los osos polares nadie llevó la cuenta.

Tamarit

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