divendres, 19 de maig de 2017

SALVACIÓN

El papel descansaba intacto sobre la mesa. ¿Por dónde comenzar? La pluma bailaba entre sus dedos. La observaba con atención, igual que al papel, esperando una suerte de conjuro entre los dos que le ayudase a escribir aquella carta.
Él, que se creía capaz de cualquier cosa, no conseguía reunir ahora el valor suficiente para confesarle que no la quería. Lo supo en el mismo instante en el que se despedía de ella para embarcar en el Titanic.
Aquel compromiso lo había pillado por sorpresa y aquel inesperado viaje había resultado una liberación, una magnífica oportunidad para escapar.
"14 de Abril, 1912
Querida Katherine. Escribir esta carta es lo peor que me ha pasado. Ahora mismo deseo que no llegue nunca a tus manos..."
Se levantó y se dirigió a cubierta. Sentía que su vida empezaba ahí y en ese momento.

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