dimarts, de febrer 20

OBSERVADO POR LOS DEMÁS

Un museo encantador. Allí me han destinado para permanecer, en el mismo lugar, una pila de años. Y me entretengo viendo la gente pasar delante de mí. Unos con expresiones de asombro. Otros, me lanzan una mirada fugaz y siguen su camino. Los niños quieren tocarme, sentir el contacto con la noble y exquisita madera de la que estoy hecho. "¡Menudos tres mástiles tiene este barco!", exclama un señor mayor, sorprendido por mi complexión. "Lo que daría por hacer un viaje a Mallorca en este velero", dice un joven a su amigo, que le contesta: "Es un pailebote centenario".
Esos dos señores que se están acercando a mí llevan consigo a su hijo, de tres o cuatro años yo diría, que me mira con odio. Me hace una butifarra. Yo me quedo con ganas de darle una bofetada. ¡Qué impotencia no poder hacer nada, siendo una pieza de museo!

El Brujo de la Palabra

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